Refuerzo con plántulas del vivero
Dos estudios que se han enfocado en la regeneración natural del A. guatemalensis han determinado que los individuos que llegan a tener un tamaño superior a los 30 cm presentan una menor tasa de mortalidad que aquellos que tienen menos altura. Incluso se reportan pocos individuos de este tamaño en parcelas de regeneración natural (González 2005, Kollmann et al. 2008), lo que puede ser atribuido al efecto de pastoreo al cual están sometidos estos bosques. Mientras que en plantaciones comerciales, a partir de este tamaño los individuos puede ser llevados al campo y se observa un rápido crecimiento (generalmente de 0.4m de altura por año) (Reynoso 2008).

Ante estos criterios, los individuos con los que se va a reforzar deberán alcanzar una altura mínima de 40 cm, tamaño que es alcanzado a partir de los dos años después de la germinación. Se ha determinado que los picos de actividad fotosintética se presentan ocho a quince días después de emerger la radícula, por tanto es importante la cantidad de luz que pueda llegarles a las plántulas. Pero para poderse establecer definitivamente, necesitan de una cobertura que puedan protegerlas de heladas o daños físicos (López 2006). En el vivero se podrá controlar las condiciones de luz y temperatura que favorezcan el crecimiento de la plántula.

Refuerzo con árboles juveniles

Una vez que se determine cuál de las categorías mencionadas anteriormente (en el inciso "c" del apartado 7) presenta mayor abundancia de individuos, serán estos individuos los que se seleccionen para ser trasladados a zonas deforestadas. Este traslado servirá como estímulo o simulará el clareo en condiciones naturales, que promueva el crecimiento de los juveniles hacia individuos adultos.


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